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domingo, 21 de diciembre de 2008

¿Tanto tiempo ha pasado?


Bueno, por aquí sigue lloviendo, las hojas se resbalan por las aceras y acaban atropelladas por los transeúntes, que sin perder ni ganar nada, chapotean y se mojan con los charcos que nos dejan estos meses. Para la gente normal, que llueva es normal. A mí, llámame hipersensible o idiota, me duele. Puedo asegurarte que llueve sobre mojado, y eso es tan sádico como acuchillar a alguien antes de que la anterior herida haya cicatrizado. Nunca me ha gustado que llueva, nunca me ha gustado que te vayas sabiendo que lo harías.
No me importa el número de veces que te haya dado tiempo a casarte, cuántas noches has pasado con mujeres, ¡ni siquiera con cuantas de ellas te has acostado! Pero dime, ¿con cuántas has sido feliz? Y no me refiero a la felicidad que produce una cama caliente ni un desayuno recién hecho.
Y yo sigo escribiendo cartas de amor - y de tonterías. Y no intentaba volverte a tener, la mayoría de las veces sólo te mentalizaba para que dejaras a las demás, porque si no estabas conmigo no quería que estuvieses con nadie. Porque, tampoco, nadie iba a quitarte las sábanas o exigirte más de la mitad de la cama. Nadie iba a beberse tu café o comerse tus tostadas. Nadie iba a arrugarte la ropa nada más vestirte o dejar marcas de pintalabios en tus camisas blancas. ¿Quién, si no era yo, te iba a atropellar por las escaleras y acabaría haciéndote el amor en el rellano?




(Hasta las bubujas de Freixenet han cambiado, este año ya no son ni burbujas, sino nadadoras profesionales, pero señores, yo sigo siendo la misma estúpida de siempre)