
"¿Y qué?", había pensado tantas veces. ¿Año nuevo, vida nueva? Pues a mí eso nunca me había pasado (ni por la cabeza) Después de rezarle a Kurt Cobain, para que se compadezca y nos regale un poquito más de rock, después de leer libros que ya había leído, después de regar mi planta que tenía mucha sed... Seguía siendo yo.
Aunque había decidido darle una vuelta de noventa grados a mi vida - trescientos sesenta nos llevarían a lo mismo, doscientos setenta son demasiados y perdería el equilibrio, ciento ochenta..¡mi mundo ya es demasiado desastroso como para vivir cabeza abajo y del revés! - jamás lo conseguiría.
Me gustan los concertos, claro, pero incluso más los conciertos de cualquier grupo no nacional. Podía degustar un best-seller y despreciar un clásico, al igual que había renunciado a leer muchos libros por su popularidad y me encantaban autores pasados. Puedo llorar de la risa con ellos, puedo llegar a casa y llorar de miedo. Ducharme con agua caliente pero bañarme en hielo. Me gustan los vestidos y los tacones (si no tengo que llevarlos yo), pero prefiero los pantalones y zapatillas porque puedo correr mejor. ¿Correr? ¿Por qué iba a tener que correr? Y otra vez acechando el noséqué, que no llama a la puerta y se cuela por la ventana.
¿Cómo? ¿Cómo equilibrar todo eso? ¿Dando muchas vueltas? ¿De cuántos grados cada una? Otra vez pidiendo ayuda, demasiado tarde, cuando la protagonista de la película está agarrada por el pie, y sabes que no conseguirá escapar. ¿Que veo muchas películas? A lo mejor. Pero me dedico a ser yo.
¿Qué sucede? Está bien, me voy, me voy a contaminar la atmósfera de otro con mis palabras, hasta asfixiar, hasta que ponga la misma cara que tú. Pero, ¿sabes?, me encanta Shakespeare, y ya habrás notado mi afán por citar a mis autores favoritos. "El mundo me parece lo que es: un teatro, en que cada uno hace un papel. El mío es ... bien triste".
(Dedo Polvoriento jugaba con el fuego también)
