
A mis años, y tantos sueños. Aún después de los tropiezos. De las manos, de las bocas que no me entendían. Tantos sueños, aunque ya nunca sonría. Porque los litros de alcohol sólo sirven para curar las heridas más superficiales, y grabar a noventa grados recuerdos más bien adentro. Tantos años y aún no he vivido. Por roces, tragos, caídas, miradas, subidas, bajadas, caricias y lágrimas, medimos el tiempo y al final nos sabe a nada.
