
Mediodía de dolores, noches de insomnio. Sombras, tu ausencia. Burbujas en vez de ojeras. Y no saber si te quise o te quise perder.
Azules, tus ojos, blancas, tu cama y tu sonrisa. Rojizas y oscuras las tardes que restan, que resbalan por las piernas de aquellas que pasaron por tu vida.
Mojadas, pequeñas, ya conocidas, se hiceron amigas, las lágrimas que humdecen las mejillas que un día, rosadas, acariciabas, ya hoy desteñidas.
Perdida, siempre acabo perdida.
